Las Fallas del Pallars: noches de fuego que dan la bienvenida al verano

Hay tradiciones que todavía conservan algo intacto. Cuando llega junio y los días empiezan a alargarse, algunos pueblos del Pallars y del Pirineo de Lleida se preparan para vivir una de las noches más especiales del año. Cuando cae la oscuridad, los fallaires encienden las fallas en la montaña y descienden hasta el pueblo dibujando un camino de fuego entre el silencio, las campanas y la gente esperando en la plaza. 

No es solo una fiesta. Es una manera de celebrar la llegada del verano, de mantener viva una tradición compartida y de reconectar con el territorio.

Una tradición viva en el Pallars

En el Pallars Sobirà y el Pallars Jussà, las Fallas forman parte de la identidad de muchos pueblos. Cada bajada es distinta, pero todas comparten la misma esencia: fuego, montaña y comunidad.

La temporada empezará este año en Sort, el 13 de junio, con una bajada que une los pueblos de la Vall d’Àssua y el Batlliu alrededor de la falla mayor situada en el Parc del Riuet. Una tradición recuperada en 2018 que, en pocos años, se ha convertido en una de las citas más esperadas del inicio del verano.

Pocos días después, el 17 de junio, llegará el turno de La Pobla de Segur. Allí, los fallaires descenderán desde Santa Magdalena en una celebración profundamente ligada a la Mare de Déu de Ribera y a la historia del pueblo. Las fallas todavía se preparan artesanalmente con tea y madera de avellano, manteniendo vivo un proceso que va mucho más allá de la propia noche.

La noche de San Juan: el momento más esperado

El 23 de junio llega una de las noches más intensas del calendario. En Isil, probablemente una de las bajadas más conocidas del Pirineo, los fallaires descienden desde el Faro hasta la plaza del pueblo con las fallas encendidas sobre los hombros. Cuando llegan abajo, el fuego, la música y la fiesta transforman completamente el pueblo. 

Esa misma noche, Alins también se ilumina. Después del sonido de las campanas, los fallaires bajan desde Sant Quirc creando una serpiente de fuego visible desde distintos puntos de la Vall Ferrera. Más adelante llegarán las Fallas de València d’Àneu y Llavorsí, el 27 de junio, y ya en julio las de Alós d’Isil y la Guingueta d’Àneu, alargando así un calendario que llena de fuego muchas noches de verano en el Pirineo.

Mucho más que una fiesta

Las Fallas no duran solo una noche. Durante esos días, los pueblos cambian de ritmo. Las plazas se llenan, hay cenas populares, música, gente reencontrándose y ese ambiente que solo tienen las fiestas vividas desde dentro.

Y entre una bajada y otra, el Pirineo sigue ofreciendo lo mejor del inicio del verano: caminos tranquilos, ríos fríos, pueblos pequeños y tardes largas que invitan a ir sin prisa. Quizás por eso, mucha gente que viene a ver las Fallas acaba descubriendo algo más.

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